martes, 9 de marzo de 2010

Amar a un ser humano


por Andrea Weitzner

Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconsciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni en si mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la Vida.
Amar a un ser humano es brindarle la oportunidad de ser escuchado con profunda atención, interés y respeto; aceptar su experiencia sin pretender modificarla sino comprenderla; ofrecerle un espacio en el que pueda descubrirse sin miedo a ser calificado, en el que sienta la confianza de abrirse sin ser forzado a revelar aquello que considera privado; es reconocer y mostrar que tiene el derecho inalienable de elegir su propio camino, aunque éste no coincida con el tuyo; es permitirle descubrir su verdad interior por si mismo, a su manera: apreciarlo sin condiciones, sin juzgarlo ni reprobarlo, sin pedirle que se amolde a tus ideales, sin exigirle que actúe de acuerdo con tus expectativas; es valorarlo por ser quien es, no por como tu desearías que fuera; es confiar en su capacidad de aprender de sus errores y de levantarse de sus caídas más fuerte y más maduro, y comunicarle tu fe y confianza en su poder como ser humano.Amar a un ser humano es atreverte a mostrarte indefenso, sin poses ni caretas, revelando tu verdad desnuda, honesta y transparente; es descubrir frente al otro tus propios sentimientos, tus áreas vulnerables; permitirle que conozca al ser que verdaderamente eres, sin adoptar actitudes prefabricadas para causar una impresión favorable; es exponer tus deseos y necesidades, sin esperar que se haga responsable de saciarlas; es expresar tus ideas sin pretender convencerlo de que son correctas; es disfrutar del privilegio de ser tu mismo frente al otro, sin pedirle reconocimiento alguno, y en esta forma, irte encontrando a ti mismo en facetas siempre nuevas y distintas; es ser veraz, y sin miedo ni vergüenza, decirle con la mirada cristalina, "este soy, en este momento de mi vida, y esto que soy con gusto y libremente, contigo lo comparto... si tú quieres recibirlo".Amar a un ser humano es disfrutar de la fortuna de poder comprometerte voluntariamente y responder en forma activa a su necesidad de desarrollo personal; es creer en él cuando de si mismo duda, contagiarle tu vitalidad y tu entusiasmo cuando está por darse por vencido, apoyarlo cuando flaquea, animarlo cuando titubea, tomarlo de las manos con firmeza cuando se siente débil, confiar en él cuando algo lo agobia y acariciarlo con dulzura cuando algo lo entristece, sin dejarte arrastrar por su desdicha; es compartir en el presente por el simple gusto de estar juntos, sin ataduras ni obligaciones impuestas, por la espontánea decisión de responderle libremente.
Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde como para recibir su ternura y su cariño sin representar el papel del que nada necesita; es aceptar con gusto lo que te brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea; es agradecerle a la Vida el prodigio de su existencia y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu sendero; es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne; es vivir cada instante como si fuese el último que puedes compartir con el otro, de tal manera que cada reencuentro sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y milagrosa.
Amar a un ser humano es atreverte a expresar el cariño espontáneamente a través de tu mirada, de tus gestos y sonrisas; de la caricia firme y delicada, de tu abrazo vigoroso, de tus besos, con palabras francas y sencillas; es hacerle saber y sentir cuanto lo valoras por ser quien es, cuánto aprecias sus riquezas interiores, aún aquellas que él mismo desconoce; es ver su potencial latente y colaborar para que florezca la semilla que se encuentra dormida en su interior; es hacerle sentir que su desarrollo personal te importa honestamente, que cuenta contigo; es permitirle descubrir sus capacidades creativas y alentar su posibilidad de dar todo el fruto que podría; es develar ante sus ojos el tesoro que lleva dentro y cooperar de mutuo acuerdo para hacer de esta vida una experiencia más rica y más llena de sentido.
Amar a un ser humano es también atreverte a establecer tus propios limites y mantenerlos firmemente; es respetarte a ti mismo y no permitir que el otro transgreda aquello que consideras tus derechos personales; es tener tanta confianza en ti mismo y en el otro, que sin temor a que la relación se perjudique, te sientas en libertad de expresar tu enojo sin ofender al ser querido, y puedas manifestar lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo. Es reconocer y respetar sus limitaciones y verlo con aprecio sin idealizarlo; es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio, amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos se recuerden con gratitud por los tesoros compartidos.
Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del Hombre, como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada "ser humano", de la cual tu formas parte; es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados obscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es, y por tanto, amar a un ser humano es amarte a ti mismo y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo.

sábado, 6 de marzo de 2010

Caricias

Hace tiempo leí el cuento de Elsa Bornemann Cuento con caricia, que aparece en la publicación anterior. En aquella ocasión me pareció que los protagonistas principales del cuento eran el changuito y el puercoespín. Me llamó la atención este puercoespín tan necesitado de ser acariciado y de dar caricias y la dificultad de sus espinas. Sin embargo él puede descubrir una zona donde no tenía espinas y desde donde podía también acariciar: el hocico. Muchas veces encontramos personas a las cuales se hace difícil acariciar porque sentimos todas sus espinas y aún así ahí está latente y urgente esta necesidad de ser acariciados y acariciar. El desafío está en descubrir esa zona, quizá no tan evidente mediante la cual podemos entregar y recibir una caricia. El changuito, a su vez no se asusta de este puercoespín que se acerca a acariciarlo. Y los demás animales son capaces de regalar la caricia que recibieron.

Creo que en todos nosotros y nosotras viven estos personajes. Cada uno de nosotros necesita ser acariciado y acariciar y también nosotras y nosotros a veces nos protegemos con espinas por temor a ser lastimados y sin quererlo a su vez también lastimamos. Pero llevamos dentro esta necesidad existencial de trascender en el amor. No podemos vivir sin caricias ya sean físicas, emocionales, psicológicas, espirituales. Y aunque parezca contradictorio, cuántas más espinas encontramos en los otros o en nosotros mismos es señal de una mayor necesidad de ser acariciado y de acariciar.

Siguiendo a Viktor Frankl, estoy convencida que nuestra riqueza y mayor potencial humano está en dejar surgir una y otra vez esta capacidad de amar y de ser amados. La búsqueda de sentido y de felicidad es apostar a esas zonas nuestras sanas desde donde podemos relacionarnos. Por más espinas que encontremos en nosotros y en los demás... el amor es más fuerte.

"Porque es fuerte el amor como la muerte" Cantar 8, 6
Estela

sábado, 27 de febrero de 2010

Una caricia...


CUENTO CON CARICIA

de Elsa Bornemann

"No sabía lo que era una caricia. Nunca lo habían acariciado antes. Por eso, cuando changuito rozó su plumaje junto a la laguna- alisándoselo suavemente con la mano-, el tero se voló. Su alegría era tanta que necesitaba todo el aire para desparramarla.
-¡teru! ¡teru! ¡teru! ¡teru! ¡teru!- se alejó chillando.
El changuito lo vio desaparecer, sorprendido. La tarde se quedó sentada a su lado sin entender nada. -¡hoy me han acariciado! ¡La caricia es hermosa!- seguía diciendo con sus teru, teru...-¡eh, tero! ¡Ven aquí! ¡Quiero saber que es una caricia!- le gritó una vaca al escucharlo.
El tero se dejó caer: un planeado blanco, negro y pardo, de gracioso copete, aterrizando junto a la vaca... ¡Esto es una caricia...! - le dijo el tero, mientras que con el ala izquierda rozaba una y otra vez una pata de la vaca. –me gusta tu cuero, ¿sabés?- no imaginaba que fuera tan distinto de mi plumaje...
La vaca no lo escuchaba ya. Pasto y cielo se iban mezclando en una cinta verde azul con cada aleteo del ave. Ni siquiera sentía las fastidiosas moscas...
Con varios felices Muuu...Muuu...se despidió entonces el tero.
¿Caminaba o frotaba? ¿Mugía o cantaba? ¿Soñaba? No. Era tan cierto como el sol del atardecer, bostezando sobre el campo. Era verdad: ella sabía ahora lo que era una caricia...
Distraída, atropelló un armadillo que descansaba entre unos matorrales;
-cuidado vaca, ¿no ves que casi me pisas? ¿Qué te pasa? ¿Estás enferma?
-este quirquincho no puede entender... -pensó la vaca. –es tan tonto..., y continuó caminando, flotando, mugiendo o cantando...
Pero el animalito peludo la siguió curioso, arrastrándose lentamente sobre sus patas. Finalmente, la chistó: sh...sh... ¿no vas a decirme qué te pasa?
Suspirando, la vaca decidió contarle.
-hoy he aprendido lo que es una caricia...estoy tan contenta...
-¿una caricia?-repitió el armadillo, tropezando con el nudo de una raíz.
-¿qué gusto tiene una caricia?
La vaca mugió divertida:
-no, no es algo para comer... acércate que te voy a enseñar... -y la vaca rozó con su cola el duro y espeso pelo del animalito.
Su coraza se estremeció; tampoco a él lo habían acariciado antes. ¿De modo que ese contacto tan lindo era una caricia? Para ocultar su emoción cavó rápidamente un agujero en la tierra y desapareció. La noche taconeaba ya sobre los pastos cuando el armadillo decidió salir.
La vaca se había ido, dejándole la caricia... ¿a quien regalarla? De pronto, un puercoespín se desperezó en la puerta de su grieta. Era la hora de salir a buscar alimentos.
-¡qué mala suerte tengo!- exclamó el armadillo- ¡encontrarte justamente a ti!
-¿se puede saber por qué dice esa tontería?- gruñó el puercoespín dándose vuelta enojado.
-pues... porque tengo ganas de regalar una caricia... pero con esas 30.000 púas que tiene sobre el cuerpo voy a pincharme...
-¿una caricia?-le preguntó muy interesado el roedor. -¿te parece que mis dientes sean lo suficientemente fuertes para morderla? ¿Es dulce o salada?
-no, amigo, una caricia no es una madera de las que gustan tanto, ni una caña de azúcar... ni un terroncito de sal... una caricia es esto... y frotando despacito su caparazón contra la única parte sin púas de la cabeza del puercoespín el armadillo se la regaló.
¡Que cosquilleo recorrió su piel! Un gruñido de alegría se paró en la noche. Su primera caricia...
-¡No te vayas! ¡No te vayas!- alcanzó a oír que el armadillo le gritaba riendo-. Pero él necesitaba estar solo. Gruñendo feliz, se zambulló en la oscuridad de unas matas.
La mañana lo encontró despierto, aún sin desayunar y murmurando: -tengo una caricia... tengo una caricia... ¿a quien podré dársela? Ninguno me la aceptará...tengo tantas púas.
-¿estás loco?- le dijo una perdiz.
-¡se ha emborrachado!- aseguró una liebre. Y ambas dispararon para no pinchar el puercoespín se enroscó en su soledad de púas le molestaba por primera vez...
Ya era tarde cuando lo vio recostado sobre un tronco junto a la laguna. El changuito sostenía con sus piernas la caña de pescar. Un sombrero de paja le entoldaba los ojos. Dormitaba... El puercoespín no lo pensó dos veces y allá fue, llevándoles su caricia. Su hociquito se apretó un momento contra la rodilla del chango antes de escapar- temblando-hacia el hueco de un árbol.
El muchachito ni siquiera se movió, pero a través de un agujerito de su sombreo lo vio todo.
-¿el puercoespín me acarició?- se dijo por lo bajo, mirando de reojo su rodilla curtida, -¡esto si que no lo va a creer mi tata...!- y su silbidito de alegría rebotó en la laguna.
-¿dormita el chango?
-¿sonríe?
-¿pesca o silba?- se preguntó la tarde.
Y siguió sentada a su lado sin entender nada."

Dejo el comentario para la próxima...
Estela

miércoles, 24 de febrero de 2010

Abiertos al amor


Por Ma. Teresa Lemus Vanek

Existen momentos en los que nos gustaría mucho ayudar a quienes amamos mas no podemos hacer nada:
o las circunstancias no permiten que nos aproximemos, o la persona permanece cerrada ante cualquier gesto de solidaridad y apoyo.
Entonces sólo nos resta el amor. En los momentos en que todo es inútil, aún podemos amar - sin esperar recompensas, ni cambios ni agradecimientos.
Si conseguimos actuar de esta manera, la energía del amor empieza a transformar el universo que nos rodea.
Cuando esta energía aparece, siempre consigue realizar su trabajo.
"El tiempo no transforma al hombre. El poder de la voluntad no transforma al hombre. Lo transforma el amor", Dice Henry Drummond.

El amor transforma, el amor cura. Pero a veces el amor construye trampas mortales, y termina destruyendo a la persona que decidió entregarse por completo. ¿Qué sentimiento complejo es éste que - en el fondo - es la única razón para continuar vivos, luchando, procurando mejorar?
Sería una irresponsabilidad intentar definirlo; porque, como todo el resto de los seres humanos, yo solamente consigo sentirlo. Se escriben miles de libros, se estrenan obras teatrales, se producen películas, se crean poesías, se tallan esculturas en madera o mármol, pero, a pesar de ello, todo lo que el artista puede transmitir es la idea de un sentimiento, pero no el sentimiento en sí mismo.
No obstante, aprendí que este sentimiento está presente en las pequeñas cosas y se manifiesta en la más insignificante de las actitudes que tomamos; por lo tanto, es necesario tener el amor siempre en mente cuando actuamos o dejamos de actuar.
Tomar el teléfono y decir la palabra de cariño que postergamos. Abrir la puerta y dejar entrar a quien necesita nuestra ayuda. Aceptar un empleo. Abandonar un empleo.
Tomar la decisión que estábamos dejando para después. Pedir perdón por un error que cometimos y que no nos deja en paz. Exigir un derecho que tenemos.
Abrir una cuenta en el florista, que es más importante que la del joyero. Poner la música bien alta cuando la persona amada esté lejos, pero bajar su volumen cuando se halla cerca.
Saber decir "sí" y "no", porque el amor lidia con todas las energías del hombre.
Descubrir un deporte que pueda ser practicado por ambos. No seguir ninguna receta, ni siquiera las contenidas en este párrafo; porque el amor requiere creatividad.
Y cuando nada de eso sea posible, cuando lo que resta es apenas soledad, entonces acordarse de una historia que un lector me envió una vez:
"Una Rosa soñaba día y noche con la compañía de las abejas, pero ninguna venía a posarse en sus pétalos.
La flor, sin embargo, continuaba soñando. Durante sus largas noches imaginaba un cielo donde volaban muchas abejas que venían a besarla cariñosamente. Así conseguía resistir hasta el día siguiente, cuando volvía a abrirse con la luz del sol.
Cierta noche, conociendo la soledad de la rosa, la luna preguntó:
- ¿Tú no estás cansada de esperar?
- Quizás. Pero tengo que seguir luchando.
-¿Por qué?
- Porque si no me abro, me marchitaré."
En los momentos en que la soledad parece destruir toda la belleza, la única manera de resistir es continuar abiertos

martes, 16 de febrero de 2010

Invictus


Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses cuales sean
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma

William Ernest Henley

Sea cual fuere la circunstancia que nos toca vivir, nada puede tocar ni dañar nuestra esencia más nuestra: la libertad y dignidad.
Estela

viernes, 22 de enero de 2010

Te abraza conmigo una eternidad...

Comparto este tema que cantan la Negra Sosa y Soledad... que nos dejemos abrazar y abracemos con espacio de eternidad
Estela

Mercedes Sosa Cantora 1 - Agua, fuego, tierra y viento

lunes, 4 de enero de 2010

¡Feliz Año Nuevo!

Con le deseo de un año lleno de sentido comparto este video que recibí de una joven de Chile. Me emociona y compromete. No necesita palabras.
Ahí va...
Estela