lunes, 25 de noviembre de 2013

MUJER DE LA CALLE



La ciudad me recorre, mamá,
Y es de noche.
Escuchá mi llanto.
En el suelo se ven las vidas de otros hombres:
Palabras reducidas sobre papeles mojados,
Estupor de periódicos,
Botellas de plástico,
Paredes meadas,
Ideas amontonadas en cajetillas de cigarros,
Bolsas menudas y extrañas,
Agitación de horas tardías,
Licor confundido en una esquina,
Basura publicitaria,
Restos de comida.
Es de noche, mamá,
Y hace frío.
La gente me ve y guarda silencio.
El humo de los buses me ha ensuciado los días.
Vivir se ha convertido en un sudor que me nace del vientre,
En una voz pujante que está muriendo,
En un clamor resignado,
En un dolor escueto que me come las ganas,
La esperanza.
Ya no río, mamá,
Ya no juego.
Pido perdón por la pobreza.
Camino por las calles y voy desnuda.
Me revuelco en los naufragios del pasado,
En la ternura de tus ojos quedándose dormidos,
En tus manos pequeñas,
En tu grito partido, mamá,
Que vendía tortillas[1] en el Hospital,
“pasteles,
Empanadas,
Yuca frita,
¿Qué va a querer, amor?
¿Qué va a llevar?”...
¡Y nada era nuestro!
¡Nada!
Decir “mañana” era mentirnos,
Enterrarnos.
¿Dónde estás ahora?
Antes trabajaba en un comedor,
Bien peinadita,
Allá por el Parque Infantil,
Pero un día se me perdió un billete de a cinco
Y el patrón me mandó a llamar:
Me dijo que era una lástima,
Que estaba bien chula[3],
Y yo no quise;
Que la blusa me quedaba apretada,
Que era mi culpa,
Que colaborara,
Y le dije que no,
Que no fuera así;
Que la cosa se podía arreglar,
Que iba a ser amable,
Que abriera las piernas,
Y yo con ganas de llorar, mamá,
Buscándote,
Gritando;
Que “estate quieta, puta,
No te hagás la santa,
Yo te he visto”,
“¡Déjeme! ¡No quiero!”;
“Vení, perrita, sólo es un rato,
No te hagás la rogada,
El favor te voy a hacer”,
“¡No! ¡Que me deje, le digo!”...
Y me escapé, mamá.
Dios mío.
No volví a llegar.
Mi dignidad la tengo
Aunque sólo esa sea...
Aunque todos los días tenga que agachar la cabeza.
Ahora lavo y plancho ajeno,
Vendo chicles,
Lustro zapatos,
Recojo latas del Ex Cuartel para venderlas,
Limpio parabrisas cuando el semáforo está en rojo
Y pido dinero en los buses.
Yo no estudié,
Vos sabés,
No pudiste,
Nunca fuimos nada.
Aquí tampoco tengo un nombre,
No conozco a nadie,
Somos de Usulután[4],
Acordate,
No puedo regresarme,
¿Qué voy a hacer allá?
No tengo nada.
¿Qué más puedo hacer?
Ahora tengo por quién seguir,
Se llama Teto,
Tiene dos años,
Y se me está muriendo de asma en el Bloom[5].
***

Tengan muy buenas tardes...
¡No! ¡Disculpen!
¡Buenos días!
Discúlpenme también la mugre de las manos,
No se fijen en mis golpes,
No se preocupen,
No soy ladrona.
No me miren como lacra,
Por favor,
No se me asusten,
No me miren mal.
Soy madre soltera de un niño.
Se llama Ernesto,
Tiene dos años
Y me nació malito de un pulmón.
Es bien bonito, saben,
Los ojitos son negros
Y la risa es chelita como si fuera nube.
Desde el primer día lo tengo en tratamiento,
Pero la medicina es muy cara
Y yo soy pobre.
Todas las noches llora mi niño,
Pobrecito,
Se me está muriendo,
Me pide comida.
¿Y yo qué hago, seño,
Si en dos semanas no me ha salido ni una planchada?
Me pide la chiche[6],
Toda seca,
¿Y qué le doy?
¿Qué le digo?
La señora del mesón nos quiere echar,
Desde hace seis meses no le pago...
Regáleme una moneda, seño,
No es para mí,
Por favor,
No me mire mal,
No me desprecie,
Por favor,
Una moneda.
***
En las noches te quiero, mamá,
En el frío vaivén de lo que eras.
La oscuridad se me llena entonces de tu mirada,
Del resplandor inquieto de tus ojos,
De tus ojos insípidos siguiéndome por la calle;
De las voces que no han muerto
Y que van conmigo llenas de sangre,
Cansadas del mismo dolor,
Sedientas de libertad,
Fusiladas por el desdén de los cobardes,
Condenadas al destierro y la penumbra;
De tus manos escasas alborotándome el pelo,
Ordenándome la falda,
Despidiéndome cuando iba a vender con mi canasto;
De tu boca insipiente besándome la cara,
Trayéndome al mundo una y otra vez...
El niño llora, mamá,
Tiene hambre.
A veces le canto para que se duerma,
Pobrecito.
¿Cuándo lo vas a conocer?
Le digo que tiene cabeza de ayote[7],
Que hay una niña que junta las flores que van sobre el agua,
Que “Señora Santana,
¿Por qué llora el niño?
Por una manzana
Que se le ha perdido.
Vaya usté a mi casa,
Allá tengo dos,
Una para usted
Y otra al niño Dios”...
Pero me quedo callada,
Titubeo,
Me da miedo que no despierte,
Que se me vaya apagando poco a poco.
Es muy pequeño...
Es de noche, mamá,
Y tengo frío.
Me dejaste muy pronto.
No estaba lista.
¿Vas a volver?
¿Dónde estás?
¿Quién va a tomar mi mano?
¿Quién va a secar mi llanto?
¿Quién va a defenderme?
¿Dónde estás?
Dame una moneda, mamá,
Por favor,
Un abrazo,
Una sonrisa...

Violeta Alejandra Chichique Martínez, estudiante de la UCA. Poema ganador del Certamen de Poesía con motivo del XXIV Aniversario de los y las Mártires de la UCA. El Salvador


[1] Tortilla de maíz: oblea de masa de maíz nixtamalizado (con cal) o de harina de maíz, que acompaña las comidas.
[2]
[3] Bonita
[4] Zona en el Oriente de El Salvador
[5] Hospital de Niños ‘Benjamín Bloom’ en San Salvador, República de El Salvador
[6] El pecho de la mujer
[7] Zapallo, calabaza

1 comentario:

  1. Muchas gracias por compartir mi poema... Fue escrito bajo la inspiración de una mujer que se subió a pedir dinero en uno de los buses que transitan la capital de mi país, afligida por la comida de sus hijos y la falta de oportunidades laborales. El Salvador, amedrentado históricamente por la violencia, la exclusión social y la pobreza, nos exige con mayor fuerza un compromiso auténtico con las grandes mayorías populares, de tal manera que veamos la realidad de una manera más crítica, humana y esperanzadora.

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